Wilma Rudolph, vigésima de veintidós hermanos, nació el 23 de junio de 1940 en la localidad de Clarksville, Tennessee. Fue una niña prematura y de una familia con pocos recursos económicos. Su humildad y el color de su piel fue aprovechado por otras personas para agredirla con términos racistas en el colegio. Una neumonía a los cuatro años y un ataque de poliomielitis a los seis, no la dejó tener una infancia tranquila. La 'polio', como lo llaman algunos, le dejó paralizada una pierna y la obligó a usar un aparato ortopédico durante varios años.
Tras un largo tiempo en tratamientos y rehabilitaciones acorde a sus posibilidades, su pierna mejoró notablemente y logró entrar al equipo de básquetbol de su colegio, para luego pasar al grupo de atletismo. Todo esto a los once años. Su enfermedad ya no era más un problema para Rudolph, pues gracias a su dedicación y habilidades para el deporte la conviertieron en la atleta más veloz de Estados Unidos. Su rapidez la llevó a ser parte de la delegación estadounidense que participó en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956. En dichos Juegos, la atleta compitió en postas 4x400, pero quedó eliminada junto con su equipo al quedar en el tercer puesto.
En 1960, dos años después de haberse convertido en madre, se cobró revancha en los Juegos de Roma. Allí le dio a su país tres medallas de oro en 100 y 200 metros planos, así como también en relevos 4x100. Esto le valió para ser la primera mujer en llevarse tres preseas en una sola convocatoria de Juegos Olímpicos.
Pero los triunfos para Wilma Rudolph no quedarían allí. Un año después, se convirtió en la más rapida del mundo, al batir el récord mundial de los 100 metros planos con 11,2 segundos en Sttutgart, Alemania. Además, pasó a ser la primera americana en ganar esta carrera desde 1936.